Un llamado a la madurez Segunda parte.

Busca discernir el sacrificio de Cristo.

Una de las responsabilidades del cristiano es discernir el cuerpo de Cristo.

Un llamado a la madurez

Un llamado a la madurez

Discernir el cuerpo de Cristo implica ser consciente de todo aquello que puede afectar la vida de la Iglesia.

En este sentido, quien discierne el cuerpo evita toda conducta pecaminosa o que no edifica a la iglesia. Es consciente que sus actitudes o conducta puede ser tomada como ejemplo. Por lo que está dispuesto, dispuesta, a renunciar a aquellas costumbres que pueden confundir a los débiles en la fe.

 

Dice en Romanos 14.15-17 y 20:

“Pero si por causa de la comida tu hermano es entristecido, ya no andas conforme al amor. No hagas que por causa de tu comida se pierda aquel por quien Cristo murió.”

Más adelante, en el versículo 20, dice:

“No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. Todas las cosas a la verdad son limpias; pero lo malo es comer algo que haga tropezar a otros.”

Hay cuestiones de conciencia, que por respeto, consideración, buena voluntad, que se pueden evitar.

Por ejemplo, se puede evitar invitar a tomar una copa de vino a un ex alcohólico. También, se puede evitar invitar o insistir que tome un vaso de vino a alguien que por convicción decidió no tomar alcohol.

 

Del mismo modo, nunca es conveniente sentarse en una mesa donde se juega por dinero.

Menos aún, comprar un billete de lotería, porque el débil en la fe lo va a tomar como ejemplo.

Y el juego, a la larga o a la corta, lleva a la compulsión, a perder el control y a angustiar a quienes lo practican, además de conducir a la pobreza.

 

Un cristiano maduro tiene en claro que su vida es un ejemplo que será tomado en cuenta.

El “haz lo que yo digo y no lo que yo hago” es propio de la conducta hipócrita, que proclama una cosa pero vive de otra manera.

 

Y el clásico “yo no soy ejemplo de nadie,” es una expresión muy cómoda, de falsa humildad, de alguien que no está dispuesto a agradar a Dios. Dado que Él nos ha escogido para ser luz a las naciones, reflejando la presencia de Dios en nuestras vidas.

 

Por tanto, la conducta madura, se caracteriza por discernir el cuerpo de Cristo, identificando en si mismo qué es bueno y qué es malo, para la edificación del prójimo.  Desechando lo que no agrada a Dios. Y esforzándose para asumir aquella conducta que sea de bendición.   

 

Con relación a esto, dice en Romanos 14.19:

“Por lo tanto, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.”

Continúa diciendo, en el capítulo 15, versículos 1-2:

“Los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación…”

 

Inicio.

  1. Busca cuidar su situación delante de Dios.

  2. Busca discernir el sacrificio de Cristo.

  3. Cuida afirmar los objetivos comunes.

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