Quiero ser una mujer madura

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Parte 1 Noemí: Una mujer madura

 Noemí fue la suegra de Ruth. La historia de Ruth es una de las más conmovedoras que hallamos en la Biblia.

simbolo mujer1 215x300 Quiero ser una mujer maduraQuiero ser una mujer madura Ruth, al ser introducida en el pueblo de Dios, terminó formando parte de la genealogía de Jesús.  El testimonio de Noemí la introdujo en la fe en el verdadero Dios.

Noemí fue una mujer piadosa, que se mantuvo firme en su fe en Dios. No negoció sus convicciones, se mantuvo fiel a Dios y a su Pueblo.

 

Podemos decir que Noemí fue una mujer madura, en primer lugar, dado que…

Reconoció su dolor

 

Reconocer el dolor que causa una pérdida ayuda a superarla.

Noemí se hizo llamar Mara, como indicio de su madurez, después de las pérdidas sufridas. Mara significa amargura. Reconocer el dolor y ponerle nombre no es malo. Lo malo es negar el dolor, o dejarse vencer por el mismo.

 

Quiero ser una mujer madura

Veamos lo que dice en Ruth 1.1-6 y 19-20:

“Aconteció en los días que gobernaban los jueces, que hubo hambre en la tierra, y un hombre de Belén de Judá fue a vivir en los campos de Moab con su mujer y sus dos hijos. Aquel hombre se llamaba Elimelec, y su mujer Noemí; los nombres de sus hijos eran Mahlón y Quelión, efrateos de Belén de Judá.

Llegaron, pues, a los campos de Moab, y se quedaron allí.

Murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos, los cuales se casaron con mujeres moabitas; una se llamaba Orfa y la otra Rut. Y habitaron allí unos diez años. Murieron también los dos, Mahlón y Quelión, quedando así la mujer desamparada, sin sus dos hijos y sin su marido.

Entonces se puso en marcha con sus nueras, y regresó de los campos de Moab, porque oyó en el campo de Moab que Jehová había visitado a su pueblo para darle pan. “

Continúa diciendo en el versículo 19:

“Anduvieron, pues, ellas dos hasta llegar a Belén.

Cuando entraron en Belén, toda la ciudad se conmovió por su causa, y exclamaban:

- ¿No es ésta Noemí?

Pero ella les respondía:

- ¡No me llaméis Noemí, sino llámenme Mara; porque el Todopoderoso me ha llenado de amargura!”

 

El dolor forma parte de la vida. El cambio de nombre, de Noemí a Mara, fue producto de su madurez. Admitió su amargura interior, lo cual le permitiría superarla.

 

Dios puede transformar la amargura en dulzor. Literalmente lo hizo con las aguas amargas, que el Pueblo de Dios encontró cuando huía de la esclavitud, en pleno desierto.Veamos lo que dice en Éxodo 15.22-23 y 25:

“Moisés hizo partir a Israel del Mar Rojo. Salieron al desierto de Shur y anduvieron tres días por el desierto sin hallar agua. Llegaron a Mara, pero no pudieron beber las aguas de Mara, porque eran amargas; por eso le pusieron el nombre de Mara.”

Continúa diciendo en el versículo 24:

“El pueblo se puso a murmurar contra Moisés, diciendo: ‘¿Qué hemos de beber?’. Entonces Moisés clamó a Dios, y Dios le mostró un árbol; lo echó en las aguas, y las aguas se endulzaron.

Allí les dio estatutos y ordenanzas, y allí los probó…”

 

Dios puede transformar nuestro dolor en gozo, nuestra tristeza en alegría, nuestra amargura en dulzor.Las personas tienden a negar el dolor, haciéndose las fuertes. O bien, hacen un culto del dolor, quejándose una y otra vez por aquello que les hace sufrir.

 

La negación del dolor, o la queja permanente, no ayudan. Por el contrario, llevan a las personas a un dolor mayor. Sólo a través de una correcta relación con Dios puede superarse el dolor.

 

Sin embargo, para que esto suceda, e necesario reconocer el dolor, la amargura que producen las pérdidas y otros sin sabores de la vida. Dios es soberano. El Señor puede transformar las aguas amargas, de un ser decaído, en ríos de agua viva que fluyen desde lo íntimo en aquellos que confían en Él.

 

¡Confíe en Dios! ¡Reconozca su dolor! ¡Póngalo a los pies de Jesús! Y permita que el Consolador, el Espíritu Santo de Dios, aplique su bálsamo sanador.

 

Indice

  1. Parte 1 , Noemí una mujer madura
  2. Parte 2, Noemi, deposito su fe en Dios. 

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