Que tu mano no calle el amor de Dios

manos amor de Dios aguaDeuteronomio 15:7 “Cuando en alguna de tus ciudades, en la tierra que el Señor tu Dios te da, alguno de tus compatriotas se encuentre necesitado, no endurezcas tu corazón ni aprietes el puño para no ayudar a tu compatriota pobre.”

Hay hermanos de la iglesia que se convirtieron hace poco y buscaban como servir a Dios. Un día entendieron que al servir al prójimo uno está sirviendo a Dios; por lo tanto, vieron la necesidad de la ciudad y decidieron cocinar sopa, polenta o locro, y salir a repartir a la gente pobre. Fue muy lindo saber del impacto que ellos causan en muchas personas y como éstas piden oración y luego vienen a la iglesia y hacen público el hecho de que pudieron conocer el amor de Dios. Esa es una pequeña pero excelente y hermosa manera de mostrar el amor de Dios y la generosidad al pobre.

Dios esperaba este tipo de generosidad de su pueblo. En Deuteronomio 15, Moisés destacó la realidad de la pobreza y cómo, los que están mejor económicamente, deben responder a esto. Se les advirtió de los cuatro peligros:

Tener un corazón duro, ignorando las necesidades del pobre (v.7).

Una mano cerrada, reteniendo aquello de lo que los pobres carecen (v. 7).

Un mal pensamiento, vacilando o negándose a prestar dinero a los pobres, porque el año de la cancelación de las deudas se aproximaba (v.9).

Un espíritu de mala gana, un reniego a satisfacer las necesidades de los pobres que había entre ellos (v. 10). No sólo se les advirtió sobre el egoísmo, sino que lo más importante fue que se les animó a ser espontáneamente generosos (v.8, 10,11).

Entre el pueblo de Dios, siempre debe existir un espíritu de generosidad hacia los pobres. Abramos nuestros corazones y nuestras manos.


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