La Biblia Y La Política

Jesus frente a pilato politicaLa política es el centro de la historia de Jesús. De hecho, su crucifixión fue una ejecución política, ya que fue utilizada por Roma para aquellos que sistemáticamente rechazaban la autoridad imperial, incluidos los esclavos y subversivos.

A pesar de esto, es una sorpresa para muchos, pero Jesucristo nunca quiso involucrarse con la política de su tiempo, si bien claramente tenía un gran interés en el gobierno. Cristo tenía buenas razones para mantenerse al margen de la política. El mensaje que predicó no era sobre el gobierno de la época, sino sobre un gobierno que Él traería a la tierra; no uno que vendría a través del esfuerzo humano. El mensaje de Jesús era acerca del gobierno de Dios que gobernará el mundo y que traerá una verdadera paz.

En una ocasión, una multitud de seguidores estaban tan impresionados con los milagros de Jesús que intentaron tomarlo por la fuerza y hacerlo su rey. Sin embargo, Jesús escapó de sus intenciones y se fue a una montaña solo (Juan 6: 5-15). Obviamente, Él habría tenido el apoyo si hubiera querido derrocar a los poderes existentes, pero está claro que Jesús no deseaba verse envuelto en la política de la sociedad que le rodeaba.

Cuando Cristo estaba siendo juzgado por su vida delante de Poncio Pilato, el procurador romano de Judea acusó a Jesús acerca de sus aspiraciones políticas. Durante este intercambio, vinieron las siguientes preguntas: “¿Eres tú el Rey de los Judíos?”. Entonces Jesús le respondió:”¿Usted está hablando por sí mismo acerca de esto?”. Pilato respondió:” ¿Acaso soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?”. Jesús les respondió:”Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; pero mi reino no es de aquí”(Juan 18: 33-36 – Paráfrasis). A pesar de que Jesús nació para ser un rey, le dijo a Pilato que no estaba implicado en la política de la época.

La Biblia enseña que el Reino de Dios no vendrá a través de esfuerzos humanos, pero numerosas personas a través de los siglos siguen enseñando lo contrario. Algunos dicen que el Reino está en los corazones de los hombres, mientras que otros dicen que la misión de la Iglesia es cambiar los gobiernos de hoy en día.

Sin embargo, la Biblia enseña que Jesús se hará cargo de los reinos de este mundo cuando regrese al oír el sonido de una trompeta (1 Tesalonicenses 4:16; Apocalipsis 11:15). Será en ese momento cuando los muertos en Cristo resucitarán para gobernar con Cristo una vez que el Reino de Dios sea establecido aquí en la tierra (1 Corintios 15: 51-52; Apocalipsis 20: 4).

Numerosas profecías muestran que Jesús no sólo será un rey cuando regrese a la tierra, sino también que será inaugurado como Rey de Reyes y Señor de Señores (Isaías 9: 6-7; Apocalipsis 19: 15-16). La política de hoy no resolverán los problemas más persistentes del mundo. Estos sólo se resolverán cuando Cristo se convierta en la autoridad suprema de todo el mundo.

Por otro lado, si bien Jesús no quiso involucrarse en la política de ese tiempo, le enseñó a sus discípulos a respetar las autoridades gubernamentales. Con independencia de la nación en la que reside uno, el respeto hacia los líderes del país donde uno nació tiene que ser parte de la responsabilidad de un verdadero cristiano.

Pablo habla de esto cuando escribe a los Romanos: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.” (Romanos 13:1-2, cf. Daniel 4:17).

Más adelante en el mismo capítulo, Pablo dice que debemos pagar nuestros impuestos (Romanos 13: 6-7). Jesús se dirigió a este mismo tema al responder a la pregunta de si era lícito pagar impuesto al César. A esto dijo: “Dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios” (Mateo 22:21). Pedro añade: “Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios: que haciendo bien, hagáis callar la ignorancia de los hombres insensatos;”(1 Pedro 2: 13-15).

Los cristianos deben ser embajadores del gobierno que Jesús establecerá cuando regrese a la tierra (Efesios 2:19; 2 Corintios 5:20). Ser embajadores significa que somos representantes de un gobierno. Los cristianos son extranjeros y peregrinos en las naciones de este mundo (Hebreos 11:13); sin embargo, así como el apóstol Pablo hace referencia a sus ciudadanías, eso no quita que también podemos ser ciudadanos de las naciones de este mundo.

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